Nos bajamos del auto con Nico y fuimos a la playa. Dejamos las cosa con otro grupito de argentinos. Había bajado la billetera del auto y la escondí con mi remera para que no la robaran. Nos metimos al mar.
El mar era de un celeste fuerte. Hacía calor. También había mucha gente bañandose. En el mar había una sola ola que se formaba y rompía en el mismo lugar. Era gigante, medía como cuatro metros. Nico y yo la queríamos barrenar. El problema era que justo donde rompía la ola había un alambrado, parecidos a los de los campos, pero con un poco de algas.
Cuanto más nos acercabamos a la ola, más tiraba para adentro. Nos detuvimos porque era imposible barrenar con ese alambrado. Nos quedamos contemplando como rompía esa excelente ola una y otra vez. La gente se bañaba tranquilamente cerca de la orilla mientras un ruso se metía a nadar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario