El colectivo llegó a la plaza y nos bajamos todos. Ni idea cuantos éramos. La plaza era una mezcla de la plaza de Cusco y la estación de tren de Belgrano. Los bolsos no los habíamos bajado y el colectivo se había ido a dar vueltas.
Me aburrí de hacer tiempo en la plaza, crucé la calle y entré a mi colegio que estaba medio en ruinas y desmantelado. Saludo a profesores pero tenían otras caras, salvo el de plástica, fiel a su barba pelirroja. Sigo caminando y veo dos maestras de inglés sentadas en el patio. Una de ella me saluda:
“¡Hola! ¿Cómo va tanto tiempo?”
“Bien, ¿Ustedes?”
“Bien, de vos me acuerdo de cuando ibas a primer grado” Me dice María José, o Ana María…no me acordaba el nombre. Siempre tienen nombres compuestos las maestras…y confunden.
“Yo también me acuerdo de vos” me dice la otra. “ A vos no te tuve, pero si a todos tus hermanos.”
Como quería tener a esa maestra. Era lindísima y buena. La típica maestra de la que todos se enamoran. Encima en mi colegio las mujeres escasean, para mí que les tienen miedo.
“Pasa que te fuiste un tiempo porque tuviste muchos hijos” le respondo, mostrando que yo también me acordaba de ella, aunque no me acordaba su nombre.
“Sí, pasa que tenía muchos sobrinos” dice.
Claro yo pensaba que era por los hijos, que tarado. Me despido de ellas y vuelvo a la plaza con mis amigos. La Caña daba vueltas como turista mientras, Churex y Pego trataban de afanar el kiosquito.
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